Rupestres en el Cervantino. Una lectura subversiva del Cervantino.

RUPESTRES EN EL CERVANTINO.
Una lectura subversiva del Cervantino.
Mostraremos la otra cara artística del Cervantino, rostro y voces clandestinas, subversivas y callejeras que abrieron la esperanza de una cultura desenfadada, alternativa y que, en su momento, dibujaron nítidas miradas, francas y sonoras sonrisas, pero que, ante la burocracia y represión del oficialismo cultural, aquellas voces, aquellas miradas, se fueron desdibujando hasta desaparecer de las calles, callejones y plazuelas. Ya es tiempo que regrese al ágora y a la banda el sentido incluyente de la cultura y fiesta del espíritu. Suponemos que la calle sigue siendo el fondo común para una vida de respeto ciudadano ¿o no?
El origen del Festival Internacional Cervantino es popular y callejero en tanto fue una extensión de la cultura universitaria, particularmente del Teatro Universitario que a iniciativa del dramaturgo Enrique Ruelas comenzó a hacer representaciones de los entremeses de Miguel de Cervantes Saavedra sobre las baldosas de las plazas de la ciudad, que por su paisaje urbano es un escenario natural e invitación para hacer teatro y compartir divertidamente la literatura, la cultura. La vida, en la ciudad de Guanajuato es teatro.
El Teatro Universitario, así entonces, fue, el antecedente de lo que para el año 1972 se convertiría en el primer Festival Internacional Cervantino organizado conjuntamente por el Gobierno del Estado, la Universidad de Guanajuato y el entonces Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBA) cuya directora era la señora Margarita López Portillo, hermana del presidente José López Portillo, aquel que durante un informe de gobierno dijo que defendería el peso mexicano como un perro. De inmediato, posterior al informe muchos perros obedecían al nombre de "Jolopo", es decir, José López Portillo. En fin, el ingenio mexicano se ponía de manifiesto. Con el Festival Cervantino la idea era que la ciudad de Guanajuato fungiera como sede o punto de encuentro de los principales artistas de todo el mundo y homenajear año con año al autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
En 1976 y debido a su relevancia cultural, social y económico se institucionalizó el Festival Internacional Cervantino y se creo por decreto presidencial el Comité Organizador del Festival Internacional Cervantino (COFIC) con el objetivo de que dicho evento ofreciera al público puestas en escena de nivel internacional año con año. Mediante el intercambio cultural con diversas naciones, más la contratación de prestigiosas compañías artísticas de teatro, música, danza, cine, artes plásticas y literatura el Festival y al paso de los años alcanzó reconocimiento mundial y se convirtió en un lugar multidisciplinario de la cultura.
El Festival Internacional Cervantino siempre ha mantenido también un aspecto académico, pues durante su celebración se ofrecen al público presentaciones de libros de autores locales, nacionales e internacionales, conferencias sobre distintos tópicos del arte a cargo de expertos en la materia. Tienen lugar además infinidad de exposiciones pictóricas en los diversos espacios áulicos de la Universidad y museos de la ciudad. La universidad estatal, así como el patrocinio del Gobierno del Estado y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) se han mantenido en estrecha colaboración y han propiciado que el Festival Cervantino haya sido premiado en diversas ocasiones. Continuamente es recomendado como referencia y acceso a la cultura universal.
Bueno, así más o menos la información general y oficial acerca de este evento que se celebrarse cada mes octubre. Ya en su edición No. 53. Como se puede deducir el Festival tuvo un origen popular y callejero bajo el objetivo de divertimento, hospitalidad y gratuidades, decir claramente bajo valores primigenios de la humanidad, más la iniciativa de compartir la cultura universitaria con el pueblo, con la gente común o de a píe de la ciudad y los visitantes y turistas que van y vienen a esta pequeña ciudad del bajío mexicano. Pequeña pero pretenciosa, decía uno de sus escritores locales. Se invita a un país y aun estado de la República mexicana a presentar su arte y cultura. En esta edición el país invitado es la Gran Bretaña y el estado de Veracruz.
Desde su nacimiento uno de los principales rasgos de los entremeses cervantinos y posteriormente ya como Festival Internacional fue la relación directa con la población y permitir el acceso a la cultura de la manera más simple. Rasgo que poco a poco el Festival fue perdiendo debido a la orientación elitista que adquirió bajo la dirección oficial COFIC, o sea, del Comité Organizador del Festival Internacional Cervantino. Dejo de ser un evento popular y paso a convertirse en un espectáculo al que únicamente ciertas personas e instituciones podían acercarse. Esto sucede siempre cuando aquello que nace en manos del pueblo es arrebatado por el Estado y sus instituciones que ven a la cultura y aun a la educación como una empresa, como un negocio. Cuando la política sujeta al arte, entonces, la cultura como la vida pierden claridad, se enturbian y nacen laberintos de poder, como la ciudad misma. Ni más ni menos.
Ante el incremento de la orientación elitista de los eventos del Festival, que poco a poco fueron quedando reservados a espacios oficiales y el aumento de precios al ingreso a los teatros, museos, salas y galerías se fue modelando un cierto tipo de auditorio; un público engreído, rígido, cuadrado, de saco y corbata, de lustroso cabello y calzado; encopetadas señoras de sociedad que buscaban su domingo cultural y de paseantes oportunistas del arte y la literatura a la caza de relaciones, más que culturales, políticas e incluso amorosas.
Ante los aspectos reverenciales y de rigor cultural que las diversas representaciones artísticas del Festival adquirían como sello de reconocimiento, la natural reacción, es decir, la esperada respuesta por parte de la calle no se hizo esperar. La reacción llego pronto. Aunque, por supuesto, con todas las trabas del oficialismo, con todos los obstáculos burocráticos, materiales y aún represivos para que las propuestas y representaciones callejeras y cercanas a la gente no tuvieran impacto popular alguno. Tal vez no sea extraño tener noticia, ahora que la Gran Bretaña y Veracruz son el país y estado, respectivamente, invitados al Cervantino que un Hoolgan o un jarocho sean llevados a prisión por algún incidente en la calle.
Parale al Festival del Comité Organizador, el festival callejero, el festival y fiesta de la gente simple y común, nacía también. La consigan era que el pueblo tiene derecho a la cultura, a las artes y a la educación de manera espontánea y gratuita. La cultura popular siempre será un lugar hospitalario para el espíritu libre y crítico, de ahí su peligrosidad para el Estado y sus instituciones, que quieran o no, sistemáticamente restringen el acceso del pueblo a la cultura. Los aspectos primigenios, aquella intención del Maestro Enrique Ruelas y sus Entremeses cervantinos, despertaban y exigían de nuevo la participación e integración de la cultura con lo popular y callejero de la vida. Lo reprimido, lo oculto, tarde o temprano retorna a la superficie para manifestarse con toda su fuerza. En este caso, para bien. La cultura popular no posee otro sentido más que el de la solidaridad, educación y bienestar del pueblo.
Obviamente, ante la aparición del Festival Cervantino Callejero realizado principalmente por iniciativas personales y por organizaciones independientes de artistas, actores y autores se suscitaba un inevitable enfrentamiento entre dos visiones y posiciones de la cultura y de la educación. Sucesos y conflictos que por el momento hay que imaginarlos puesto que únicamente se ha escrito sobre los aspectos positivos y oficiales del Festival Internacional Cervantino y no hay un relato o historia siquiera parcial acerca de la cultura callejera en Guanajuato durante los días del Festival. Algo de autoconciencia le hace falta a esta ciudad.
Con seguridad han de existir documentos que testimonien sobre los incidentes entre grupos opositores, unos por ocupar la banqueta, las escalinatas, las plazuelas, en general las calles para poner en escena sus propuestas artísticas y culturales y el grupo de autoridades cuyo objetivo es desalojar y negar el uso de los espacios públicos a artistas independientes: desde un mimo que aunque no salga de su rutina continua divirtiendo, un cantautor de desafinada voz, un artista plástico que desde su etapa como estudiante han vivido en la ciudad o el dramaturgo y lector que en voz alta difunde la palabra del espíritu hasta el totalmente improvisado payasito que con sus chistes alegra y divierte a los transeúntes: trabajador, estudiante, ama de casa, comerciante, guía de turista que no cuenta con los medios económicos para pagar un boleto e ir al concierto, al ballet clásico, a la ópera, etc., en el Teatro Juárez, Teatro Principal o auditorio del Estado.
Tal vez durante los 80s haya sido cuando con mayor fuerza los artistas callejeros lograron posicionarse de espacios para sus eventos y con ello compartir con las mayorías silenciosas su arte y en cierto modo instituirse como una alternativa a las propuestas oficiales. Lo callejero y popular invadía los cotos de poder oficiales. En ocasiones, ciertos espectáculos callejeros llegaron a reunir más público que los actos oficiales, que por su carácter restringido comenzaban a oler a rancio o a podrido. Se omiten aquí nombres de personas, figuras y grupos que comenzaron a destacar y a ganar popularidad y fama en las escenas callejeras. Cada evento callejero quedaba bajo resguardo policiaco.
La dinámica de las peticiones de los grupos de artistas independientes que exigían mejores condiciones para su desempeño y garantías de seguridad y las restricciones materiales y burocráticas, cada vez más endurecidas, impuestas por las autoridades municipales siempre estuvieron acompañadas de un afloja y estira y sobre todo del gran temor de que las cosas se salieran de control y explotaran. Lo cual para la paz y la apariencia de calidad de vida de la ciudad sería una mancha imborrable para las autoridades y buenas conciencias. Era un hábito llegar cuerdos, aunque siempre con ventaja y control de las cosas para la administración del Festival oficial.
Seguramente existen testimonios gráficos, apuntes, documentos oficiales, memorias acerca de los conflictos entre la propuesta del programa oficial y los propósitos del programa del Cervantino Callejero. Debe haberlos, pero, estos, han de encontrarse arrumbados y empolvados en viejos archivos metálicos de color gris en posesión tacaños historiadores que se guardan para si las verdades de un pueblo. Sin duda, hace falta una historia subversiva del Festival Internacional Cervantino.
Hay un vacío historiográfico en la memoria cultural cervantina. Es decir, falta la otra mirada, la otra cara que no aspira tanto a la respetabilidad y representación decorosa de la cultura y a privilegiar el carácter académico y hasta aburrido, monótono y tedioso del arte y la cultura, sino a devolverle la frescura, vitalidad y fuerza revolucionaria al espíritu. Los rasgos arcaicos y rupestres de la cultura cervantina requieren emerger.
Existe algo así como una norma, a saber, que aquello que nace bajo un proyecto institucional y gubernamental al pretender popularizarse su destino es el fracaso, pues conserva siempre sus aspectos elitistas y excluyentes, por más abierto y democrático que se muestre. Por otro lado, de modo inverso, aquello que nace en la calle y tiene una visión popular y democrática, cuando consigue financiamiento o recursos provenientes del Estado y por tanto aceptación y reconocimiento, poco a poco se va distanciando de su naturaleza esencial. Con el tiempo rompe con lo popular, deja de pertenecer al pueblo.
Ocurrió que el espíritu de los artistas callejeros lentamente fue disuelto por desgaste y frustraciones ante las negativas de las autoridades al hacer caso omiso o solamente cumplir parcialmente las sugerencias. Asimismo, varias cabezas principales del Cervantino Callejero fueron premiados con un espacio para presentarse en algún escenario, otros con un local para vender sus artesanías o con la promesa de que para el siguiente año sería considerado en el programa oficial del Cervantino oficial. Con tal promesa el artista independiente ahora soñaba con ser una estrellita al modo de un rockstar. Muchos cayeron en esta trampa. El poder los corrompió.
Algo semejante les paso a los artistas independientes del Festival Cervantino Callejero. Fueron coptados por el oficialismo. Se creyeron también ser parte ya del Festival oficial al contar con acceso, aunque condicionado y limitado, a los espacios bajo la supervisión y administración de funcionarios y gestores de la cultura estatal y federal. Fueron embaucados o engañados. Engullidos por las fuerzas oscuras de la cultura fueron.
Mientras tanto, durante esos años de esplendor del Festival Cervantino callejero en Guanajuato, aunque siempre mantenido a raya, en la ciudad de México se gestaba un movimiento musical, que se oponía a la cultura carente de gusto, de sensibilidad ramplona y por si fuera poco, enajenante en donde las puertas se habrían únicamente a los grupos hechos a la medida, es decir, diseñados y financiados por los medios de entretenimiento de los consorcios de comunicación, dueños prácticamente de la ciudad. Los rupestres habían nacido. Con original imaginación e independencia firme dieron voz a los sectores marginados y oprimidos, aparecieron con una poesía que alcanzaba para entender la dinámica de la vida en la ciudad.
El Cervantino, tanto oficial como callejero para varios de los rupestres no les paso inadvertidos, pero se mantuvieron al margen de ellos, no quiere decir esto que no anduvieron por sus escenarios y esporádicamente llegaron a presentarse en alguno de ellos, con o sin invitación, pero en general guardaron su distancia, pues percibían que algo no cuadraba, pues, el programa oficial jamás los contemplaría como parte de sus eventos y las organizaciones de artistas independientes en realidad no eran tan abiertas como se jactaban. No se sabe si los rupestres eran más radicales o más fresas que los líderes del Cervantino callejero. Claro, no falto, quienes de los rupestres coquetearon con ambos bandos.
Tal vez los rupestres jamás tuvieron la pretensión de ser parte del cervantino callejero ni muchos menos del oficial. Aunque, algunos de ellos lograron tocar y cantar en algún escenario oficial o bien en alguna plazuela, calle o escalinatas. Pero en general, ni el Cervantino oficial ni el callejero, puede especularse, eran tan atractivos para dar a conocer la propuesta cultural y artística de la imaginación rupestre. Los rupestres, más subversivos que los artistas independientes dueños del Cervantino callejero; los rupestres confrontadores de la cultura oficial supieron esperar pacientemente la oportunidad para intervenir en el Cervantino, sea oficial o callejero, si es que existe este último.
Los rupestres, cada uno con sus múltiples diferencias, acuerdos y desacuerdos entre sí, ejecutan una obra ingeniosa, provocadora y hasta insurgente pues sacuden los cimientos de la sociedad. Es obvio, especulando de nuevo, que, si los rupestres hubieran tenido participación tanto en una como en otra versión del Festival Cervantino, quienes detentaban en sus manos la organización y las decisiones del evento se hubieran escandalizado, dado que las obras rupestres, léase canciones, no hacen sino abogar por la verdad, bondad y belleza en una vida en bienestar de la sociedad. Los rupestres desafían normas convencionales y crean alarma entre los defensores de statu quo, políticas, religiosas y artísticas.
De quiénes son y que buscan o pretenden los rupestres pueden en este mismo Canal encontrar referencias e indagaciones al respecto. Hay varios infográficos dedicados a ellos en sus distintos aspectos. Basta ingresar al sitio o suscribirte al mismo. Pero bueno, se trata ahora de dejar señalado, aunque de modo virtual y jugando con las armas del sistema en la que la vida contemporánea se ha instalado, que las condiciones son propicias para que los rupestres, con toda su prudente sabiduría e irreverencia participen en el Festival Internacional Cervantino. Que, en las calles, plazuelas, escalinatas y aun azoteas florezca el arte rupestre, tal vez el único en tempos de la posverdad que ha conservado y a la vez incrementado su aura. Un arte que se recrea sin dejar de ser original y auténtico. Que la ciudad vuelva a vibrar en todo su ser.
Esta lectura subversiva del Cervantino, que es un mero divertimento, puede en algún momento convertirse en un proyecto de investigación que dé cuenta del Cervantino como un fenómeno o hecho total, más allá de un festival artístico y cultural en el que esta involucrado un pueblo entero y la política cultural del país. Quizás, al modo como procede Michel Foucault al indagar la naturaleza del poder. Como un juego de mitades, de miradas. De verdades, que se acoplan. En fin, seguramente alguien pronto se hará cargo de una investigación seria.
Qué saben las autoridades y la parte administrativa del festival, por qué algunos funcionarios parecen como vitalicios, qué saben los grupos artísticos y los artistas que alguna vez tuvieron participación en el evento y qué sabe el público, cual es la experiencia del tramoyista, del boletero, de la edecán, del autoritario coordinador de artistas; qué opinión tiene el comerciante, el hippie capitalista que tiene instalado más de tres puestos de artesanías en la calle. Que saben los académicos e intelectuales de la cañada. Para una mirada subversiva el cervantino oculta más de lo que deja ver.
Cuál es la visión de los chavitos que ahora ya son adultos y profesionistas que crecieron con el cervantino callejero quemando mota y a veces inhalando "chemo", el barrendero que no ha cambiado de empleo, el policía, el tira ese que continua siendo mala onda y pasado de lanza, la ñora de las gorditas a quién ahora acompañan las hijas y sus hijas en la misma esquina y horario de siempre, la de los jugos, que ahora vede lácteos, el restaurantero que prácticamente se ha apropiado de las aceras enteras; cultural y económicamente cuales han sido los logros y beneficios del Cervantino, etc., En qué se convierte la ciudad durante esos días. Está claro, que el cervantino es algo más que un festival o fiesta del espíritu.
Bibliografía:
Diccionario de literatura mexicana siglo XX. Coord. Armando Pereira. UNAM, 2004.