Entre arcaicos y rupestres

Los arcaicos y los rupestres saben que existir en el <<entre>> siempre será dramático y errante, a sabiendas de que no se va más que con el día en donde las circunstancias que rodean al yo individual lo empujan a escurrirse de aquellas fórmulas culturales que organiza lo humano en andamios y filas de lo igual que colonizan, ahogan y reprimen las voces que hablan desde espacios marginales, contraculturales y de la resistencia, o desde los umbrales en los cuales, parafraseando a Eduardo Subirats, en gran medida ahí se conserva una sabiduría mitico-poética, pero también religiosa-filosófica que se vuelve con mirada serena hacia la imagen total del mundo en donde más que hallar la verdad, hay que crearla desde el ancho mar del relativismo de la opinión personal, que es la voz también de la tradición, de lo popular y del pueblo. En la sabiduría de los pueblos originarios hay una verdad que espera ser des-ocultada, que seguramente contribuirá a entender más humanamente la naturaleza y la misma humanidad en tiempos de total hifanización cultural y de "vulgar falta de identidad" o mejor: 

de salvajes y científicos / panzones que estaban tísicos / en la campechana metal, / en la vil penetración cultural, / en el agandalle trasnacional, /en lo oportuno norteño imperial, / en la desfachatez empresarial, / en el despiporre intelectual, / en la vulgar falta de identidad

(Rockdrigo. Tiempos de híbridos).

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Todas estas cosas algún día las embotellarán, lo verás, así es la cosa, va a haber un día que escogerás en las tiendas, o donde sea, las botellas o latas de pensamientos o sentimientos adecuados a lo que quieras ser, pensar o sentir; ser un genio de las matemáticas no estaría mal por unos cuantos pesos y así poder seguir...

LA CANCIÓN RUPESTRE 

Cuando la canción alcanza los vuelos de la poesía
algo sucede en el alma,
que se explaya y hace bailar a todos nuestros sentidos.
Esto no necesariamente tiene que ver con las palabras,
porque bien se sabe que la melodía
puede ser un ensalmo que acaricia al ser.
(Armando Rosas)
Una canción es contar una historia o decir una serie
De imágenes poéticas a través de ella,
De una tonada que sea atractiva y que
Tenga un coro.
La música no en nada del otro mundo, la música es muy fácil.
Desde que estás en el vientre de tu madre
Oyes lo que está pasando afuera.
(Roberto Ponce)

La canción rupestre, esa que escuchamos en voz e instrumentos de los así también denominados autores rupestres, esos que en el mediodía de la década de los años 80's del siglo pasado, allá por 85, sobre todo después del terremoto y la muerte de Rodrigo González, asaltaron chidamente y le dieron voz a la ciudad con sus musicogramas llenos de ingenio, crítica, calidad poética y musical, no requieren de elevadas categorías y rotundos conceptos para expresar las cosas simples del acontecer vivencial y cotidiano. Lo cual, no significa que la canción rupestre carezca de profundidad y de seriedad. Es decir, hay en la canción rupestre, por supuesto, horizontes cognoscitivos, comunicativos y simbólicos. No hay vacío filosófico, al contrario, al ser poesía la canción o al poetizar la canción las nociones del ser y de la verdad, que son las dos notas esenciales de la realidad, se hacen patentes. Lo que indica que la canción rupestre, bajo una forma simple y directa de la palabra pone el arte al servicio de fines básicamente humanos.  

La canción, que es pensamiento, sonido y sentido, desde luego, también arte. Antes de ello, es forma primigenia de comunicación, es decir, de relación humana. El arte revela, crea y funda realidades, verdades y placeres; tres caracteres que ningún otro saber posee, mucho menos las ciencias, las tecnologías de la comunicación e información, la publicidad y el mercado. El arte, por naturaleza es un agente transformador y fuente de gozo en la vida cotidiana. Le otorga sentido a la vida. Como la artesanía, que combina el valor de la utilidad con el de la belleza, además de poseer dignidad, en tanto, no es está hecha para la venta, pues no es una mercancía. La mercancía, al sustituir el valor de uso de la artesanía por el valor de cambio, le mengua o niega de plano el carácter humano a la realidad. La dignidad de la existencia se completa y expresa a través del sonido y el sentido de la palabra, o sea, la música, donde el problema es la unidad y escisión entre cosmos y el hombre. También, entre la sociedad y los individuos. 

Cuando el enfoque se hace desde la vida cotidiana y desde la resignificación y semantización de la convivencia y comunicación humanas queda de manifiesto que la música es expresión de los aspectos sentimentales y emocionales a través de un lenguaje del dolor y anhelo de bienestar con el que las culturas exteriorizan su conciencia de finitud o condición patética existencial. Cuando es así, entonces está permitido sostener que es mediante el arte musical que el hombre manifiesta su ser y estar en el mundo, sobre todo, la experiencia de lo permanente con la unidad y el rompimiento con lo principal o fundamental. 

Particularmente, la canción, como medio de expresión y exposición de la oscilación entre el hombre y el mundo puede interpretarse como una relación ceremonial de guerra y de amor, elevada desde la composición particular de un autor hasta la universalidad o comprensión por todas las subjetividades. Cosa, dese luego que es sumamente difícil, como lo testimonia Amando Rosas: "Para mí, escribir una canción totalmente poética es una labor casi imposible. (…) como no tengo esa cualidad por lo menos me exijo que una canción tenga un hallazgo poético, una rase que exprese mi manera muy particular de ver el mundo". (Armando Rosas, rupestre, el cancionero, p. 19) 

Los sueños, los anhelos, las ilusiones, las esperanzas, así como las creencias, las certezas, etc., los pasatiempos, las distracciones y los devaneos de los seres humanos alcanzan su mejor forma en el arte musical, sobre todo en la poesía y en la canción. Ambas, poesía y canción, tan concretos y abstractos a la vez, universales y singulares al mismo tiempo que revelan también fundan la verdad, originalidad y plasticidad de la naturaleza humana. Como dice Roberto González la canción es música y poesía, la posibilidad de comunicación más allá de cualquier forma literaria. (Rupestre, el cancionero. P. 11), por supuesto, es una forma de vida. Según Carlos Arellano, una canción es buscar las mejores palabras, encontrar el camino preciso para envolverlas con la melodía y cantarlas. Así he elegido vivir. (Carlos Arellano, rupestre, el Cancionero. 65) 

La constante que vincula a la poesía y a la canción, se dice, es la condición de pertenencia a lo esencial y la experiencia de la separación, que como consecuencia trae el desgarramiento y sufrimiento, por lo que la poesía y la canción hablan, entonces, de unidad y separación, reconocimiento y de reconciliación, quizás, de lo finito con lo infinito o del individuo y la comunidad. Problema dominante que, por cierto, no es exclusivo del arte. También el mito, la religión, la filosofía y aún la ciencia, se dan de topes con este tema, precisamente porque es un asunto arcaico. Aunque, la canción, a decir, de Armando Rosas, debe ser un chingadazo directo, no es como un poema, tiene que ser algo sencillo y directo al corazón

En su simplicidad, si la poesía permite experimentar la unidad de lo humano con la totalidad e infinito, la canción genera la vivencia singular y concreta de rompimiento con lo esencial de la existencia. Sin embargo, ambas son el ancla, que, en el vaivén del mundo, ponen al hombre en camino de la restitución del horizonte franco y amoroso de la convivencia y comunicación, es decir, la poesía y la canción, como arte sonoro o musical se orientan hacia el encuentro de la comunión humana, a la que hay que entender como totalidad de las posibilidades de trascendencia que tiene el hombre para existir en la felicidad y en el amor. No importa si se le abra más la puerta a la música que a la palabra. Para Fausto Arellín, cuando se trata de hacer canciones, dice, él: "para mí la mitad está en la música y la otra en mitad en la palabra. Siempre parto de una idea o una imagen que me parece interesante y después le pongo la música. Claro, siempre pensando en función de la música más que del texto". Fausto Arellín. Rupestre el cancionero. P. 36) 

Tal vez las vías más propicias con las que cuenta el hombre para realizar la unidad de lo finito con lo infinito sean la poesía y la canción, sobre todo cuando sus esfuerzos se orientan hacia el restablecimiento de la convivencia y la comunicación más allá de todo interés de apropiación, es decir, de control y dominio sobre la naturaleza y obviamente sobre los demás hombres. Desde el origen mismo el tono de la poesía y la canción no puede ser sino arcaico, como lo es la fusión de la propia naturaleza que se entrega al hombre en el sonido del viento, del agua, del fuego, de la tierra, o en el canto de las aves, mamíferos o en la música de las órbitas de los planetas. 

Los paisajes, las geografías, orografías e hidrologías, por no decir, el ser mismo, se pone al alcance de la comprensión auditiva humana. El alma del mundo es musical. Ahí toda la vida vibra, no timbra, como es el caso de nuestro tiempo, en los celulares. Con lo cual nos habituamos cada vez más a oír el mar, los pájaros, las hojas de los árboles caer al igual que el agua de la cascada, tantas veces queramos o se nos antoje en la aplicación musical que tengamos contratada en el celular. Aquí, lo que no entendemos es que desnaturalizamos los fenómenos y nos volvemos entonces meros imitadores de pájaros y abejas, de perros y de bueyes. Dejamos de crear a la vez que nos alejamos de la naturaleza. Afortunadamente, dentro de los autores y músicos rupestres hay quienes no olvidan que se puede fusionar los sonidos con las alegrías y sufrimientos de una sociedad urbana, la tradición folclórica de los pueblos originarios con las fuerzas de la naturaleza, aun con el viento solar, con los olores de la huasteca y los calores de la tierra caliente. Como lo hace Eblen Macari. 

Lo arcaico aquí, es todo lo que es común a las culturas en su intención de reconectar con lo fundamental de la existencia y lo primigenio de cualquier cultura o civilización, que en otras palabras es la reconciliación con la verdad, el bien y la belleza en el mundo. O con todas aquellas naturalezas simples y sencillas. Como las primeras canciones que algunos autores rupestres confiesan haber hecho. Tal y como expresa Roberto González: "Eran canciones llenas de dudas. Teníamos un montón de preguntas que hacernos y como prácticamente nadie no las resolvía, al hacer canciones uno tenía la libertad de hablar de esas confusiones, de esas mezclas de cosas donde también se juntaban lo social con lo amoroso. Yo creo que nunca en mi vida he vuelto a hacer canciones tan claras como esas, tan sencillas". (Roberto González, el cancionero, p. 12) 

La comunión humana siempre es mundana y mundanos somos todos los de aquí, los de allá, los de acá. La danza del mundo ocurre entre la tensión y distensión, es decir, entre una situación tensa o circunstancia relajada o tirante de menor fuerza. También podría decirse, afinada o menos afinada y que la armonía es el equilibrio de ambas. Algo así, como si el amor fuera el orden y equilibrio del mundo. Por lo que entonces, se pone en evidencia la importancia de la canción y del cantante. Más, si es una canción que hable de lo primero y principal de la vida humana, es decir, que hable de lo primigenio y arcaico. La canción rupestre, es un esfuerzo en regresarle el tono arcaico al mundo. Volver a darle sonoridad al mundo. Es decir, voz con sentido, pero además de verdad, bien y belleza, gozo, placer, deleite. No importa que se tenga que estar e ir contracorriente. A veces, quedándose en la orilla y desde ahí contemplar el mundo. Con la certeza de que, a decir, de Roberto Ponce, la poesía y la música están ligadas desde siempre y así estarán hasta la muerte. (Roberto Ponce, rupestre, el cancionero. P 49.) 

Lo mundano hay que entenderlo como el horizonte en el que es posible la existencia humana tal y como esta es. O sea, si la existencia en el modo dable de ser del hombre en el mundo, quiere esto decir que se efectúa todos los días en el cambio o devenir del mundo, pues los horizontes del mundo siempre se encuentran fluyendo, algo como que los tiempos cambian decía Gerardo Enciso, similar a lo que Heráclito había expresado: que todo cambia, con excepción del cambio mismo o que nadie se puede bañar dos veces en las aguas de un mismo rio. Llevado este aforismo ontológico al campo de lo mundano, no es más que tener en cuenta que el ámbito de las relaciones humanas tienen como condición el cambio mismo. 

Pensaba, Heráclito, que una especie de polemos, es decir, de tensión entre guerra y paz, de odio y de amor, en general pares de opuestos, que pueden ser lógicos y físicos. Todo, nada. Frío, caliente, salud, enfermedad, etc., es lo que sostienen el tránsito de lo uno a lo otro o el vaivén del mundo. Algo así como se tensa la cuerda del arco para lanzar la flecha y provocar una herida o bien, la muerte; como tensar o afinar las cuerdas vocales o de la guitarra para dejar escapar sentencias de vida y de muerte, de odio y de amor. Por tanto, es posible afirmar que si las cuerdas en general del cosmos y en particular las de la vida humana están bien afinadas entonces hay armonía en las relaciones humanas. ¿Por qué hay personas que se empeñan en desafinarle la vida a los demás? ¿Qué ganan, que obtienen? 

Las canciones rupestres contribuyen a la restitución de la afinación de la vida. Por cierto, hecho que solamente en el plano histórico alcanza su realización, es decir, la historia como campo de exposición de la tensión entre la armonía y desarmonía del mundo. Como lo hacen ciertas corrientes filosóficas, particularmente el romanticismo e idealismo alemán. Claro, la solemnidad de la especulación filosófica de la dialéctica de lo lógico y la realidad, entre lo otológico y lo histórico, en la canción rupestre cobra un rasgo de humor y de ironía, como lo cantaban Rodrigo González en esa rolita titulada historia de la no historia: Esta es una historia / que no debes de comprender / pues no tiene ningún caso / comprender lo que no es / no tiene estructura / ni tampoco esta al revés / siendo tan oscura/ se te aplaude si la vez / carece de forma identidad o sonido / no tiene sabor ni mucho menos sentido … (Rodrigo González. Historia de la no historia, en Hurbanoistorias. La ironía, el humor y la diversión son fundamentales para afinar las cuerdas y alma del mundo. 

El espíritu humano siempre ha especulado acerca de que en el comienzo o mañana de todo había unidad. Más tarde, aconteció la escisión, o sea la división o separación. La historia de las civilizaciones siempre ha consistido en la exposición de la reconciliación. De ahí, que a la canción se le vea como una conciencia en la cual se ha expresado los contenidos de la dialéctica de la unidad y del rompimiento de lo singular con la totalidad, o de lo finito con lo divino, del hombre con la naturaleza y del hombre con el hombre y ahora, en nuestro tiempo computacional e informacional, la ruptura de la tecnología con la vida toda. Aunque, la tecnología sueña con reintegrar la unidad de lo real vía el metaverso en un espacio tiempo donde ya no hay cosas físicas, sino meras funciones o cálculos probabilísticos. Rodrigo, se mofaba de esto con sus tiempos de híbridos: Era un gran rancho electrónico / con nopales automáticos / con sus charros cibernéticos u sarapes de neón. Era un gran pueblo magnético / con marías ciclotrónicas, tragafuegos supersónicos / y su campesino sideral … 

Convendría decir, tristemente, que la esperanza del rencuentro de lo singular humano con lo universal, totalidad y divinidad siempre se mantuvo viva en cada uno de los esfuerzos históricos para ello, ya sea desde la poesía, la filosofía y la canción, pero, en nuestra época tecnológica, el punto de partida es que ya no puede haber reconciliación o unidad, pues esas cosas obedecen a una naturaleza metafísica o por no decir arcaica. Lo cual, hace todavía más rupestre a la canción que albergue algún interés por el amor o la armonía del mundo. 

Para nuestros días el tan manoseado término de "complejidad", que se emplea prácticamente en todos los diferentes terrenos, desde lo filosófico, religioso, científico, sociológico, artístico, informático, matemáticas, medicina, hasta la vida cotidiana, etc., etc., que expresa que todos los aspectos de la vida se constituyen de una serie de elementos que se relacionan entre sí y cuyo comportamiento y propiedades no son evidentes a simple vista, pero que, sin embargo, la estructura compleja de cada sistema o nivel de la existencia es resultado de una intrincada red de operaciones simples. ¿Podría la "complejidad" aproximarnos al horizonte arcaico del mundo o definitivamente se aleja de todo camino hacia el bienestar humano social? Qué en realidad no seguimos siendo todos uno mismo, tal y como lo escribe Armando Rosas: Entre panteras y polleros / con hambre o con frío / Mahometanos y cristianos / todos son uno mismo. / Bajo el sol de Nogales o en el Puerto de Cádiz / Mexicanos y africanos, todos son uno mismo / Escapando de Egipto, sin ayudad de Moisés / en el camino del desierto, todos son uno mismo. (Armando Rosas, Todos uno mismo, el cancionero p. 35)

Es cierto, al día de hoy puede que la complejidad sea la nota sonora del mundo, lo paradójico es que se compila en el significado de lo simple de la palabra. En tal simplicidad lo que se deja ver sin encubrimiento es la claridad de las cosas. Las relaciones humanas, que por naturaleza son complejas, se vuelven sencillas, transparentes y placenteras cuando se ven desde el arte, en especial, desde la música y en específico desde la canción, particularmente las de la convivencia humana: Mientras más te vas / más te necesito / molesto requisito / para desearte así / y cómo reprimir / querer estar contigo / tú siempre en el camino / yo anclado aquí. / Para un momento tu tren / devuélveme mi corazón /quédate un rato y detén / el vicio de este amor veloz. (Carlos Arellano, Amor veloz. Rupestre el cancionero. P. 70) 

Cuando la sociedad e individuos se encuentran sin saber para donde jalar, la canción rupestre lo que ofrece es un retorno a la gratuidad y desinterés de la vida, que tal vez haya que entender esto como la idea de que al quedar indefensos hay que aceptar la plenitud y profundidad que nuestra vulnerabilidad nos puede ofrecer. A lo arcaico se ingresa desde lo rupestre, es decir, desde aquella postura de pensamiento abierto y desde una actitud crítica y alejamiento de las formas del poder, y claro, la búsqueda en sí mismas de fama, riquezas y honores. La verdad es solo una /aunque no se quiera ver / otra cosa es defenderse / otra la visión del ser. Roberto González. El palacio de los espejos. Rupestre el cancionero. P. 17. 

Una pincelada de un trazo improvisado, una imagen fugaz de una ola o una nube, una metáfora sobre el llanto, el dolor, pero también de la sonrisa y de la felicidad ejecutada en un verso, en una prosa, o simplemente en un cósmico pensamiento y sentimiento puestos en un acorde sobre las cuerdas o teclas de instrumentos musicales, más una voz, aguardientosa, blusera, rockanrolera, trovadoresca, o simplemente rolera, etc., exponen que la canción rupestre, es por ontonomasía, la vía de expresión por la que en tiempos crisis la vida buena, verdadera y bella pierde su rumbo y entonces, los relojes se paran, ya no marcan el tiempo … se estrellan en los cristales pesadillas, desiertos / me asomo por la ventana: miles de autos rugiendo / con todo, me crié en tus suelo, bajo un cielo no viejo / con todo, lloré en tus puentes, tus banquetas y entierros. (Invención para tragafuegos y cuarteto rupestre. Armando Rosas. El cancionero p. 23.)

Es curioso, pero las innovaciones y las salidas a las situaciones de crisis de imaginación y de una sensibilidad carente de gusto se generan en espacios marginados y de ambientes bohemios. Regularmente, en hombres y en mujeres que se encuentran en situaciones abismales, de umbrales y de conciencia en donde lo arcaico de la vida se manifiesta profundamente: Pero si al fin te quieres marchar / hazlo y no vuelvas jamás. /Dame tu amor o déjame en paz, / llévate lejos tu blues. Nina Galindo, Llévate lejos tu blues. El cancionero p29. 

En la canción rupestre, en todo caso, lo que se revela es la experiencia personal o singular del cantor-poeta que acepta el rapto de la vida común, simple, franca, sencilla, pero plena de inspiración. Como dice Rafael Catana: Todo tiene que ver con tu punto de vista en relación al mundo que te toco vivir. Las canciones son crónicas de un viaje interno, tu vida privada cantada en público. Me interesa que mis canciones expresen este viaje y que la vida no sea un lugar común. Aunque a veces, por más que no lo quieras, las situaciones más radicales de la vida o del mundo se convierten en un lugar común. (Rafael Catana, Rupestre, el cancionero. P. 58.)

Bibliografía.

Rupestre, el cancionero. Edic. Imposibles. Méx., 2014.



ELLOS TAMBIÉN SON RUPESTRES


Un buen lector no sólo sabe leer palabras.
Su curiosidad le hace leer imágenes, leer sonidos,
hacer del canto una forma de lectura.
A eso se han dedicado los Rupestres.
En sus canciones está el concentrado
de realidad que han decantado del mundo
que les ha tocado gozar y padecer.
(Raúl Silva)

No deja de ser curioso el paralelismo que se puede hallar al hacer una lista de quiénes sí o quiénes no deben estar en un grupo, corriente o movimiento social, cultural, filosófico, musical, etc. Si algo reúne, entre otras cosas, por ejemplo, a los líricos arcaicos en la antigüedad clásica griega, es la formación de los Estados-ciudad, o polis y la tiranía como forma de gobierno; si algo hace converger a los asimétricos y dispersos teóricos alemanes de la Escuela de Frankfurt, es decir, a los de la Teoría crítica es el fascismo y el sufrimiento humano; y, si algo hace encontrarse a los desbalagados e itinerantes rupestres y los mueve a formar un colectivo, fue la ciudad y sus formas de vida casi inhumanas producidas por los gobiernos del extinto Departamento del Distrito Federal, además del terremoto del 1985 y la muerte de Rodrigo González, o sea, el Rockdrigo. 

En circunstancias emergentes y en transformaciones culturales, políticas e institucionales en el orden social que la ciudad vivía, irrumpen en el escenario de la vida nacional los así denominados Rupestres. Pintores, músicos, literatos, letristas, cuentacuentos, principalmente cantautores: con su voz aguardientosa, en muchos casos desafinada, con su lira de palo, su armónica en el pescuezo, su desaliñada figura, pero, con un arsenal de ideas sociales, propuestas musicales y renovación artística y, por consecuencia revolución del gusto estético. Como en su momento lo hicieron las vanguardias artísticas. Había llegado la hora de levantar a la ciudad, el ánimo y la esperanza de la población. 

En efecto, un día aparecieron ellos, los rupestres. Esos que, vinieron de provincia cargando congio sus sones, guapangos, redovas, norteñas, etc., y otros nacidos en el mismísimo Distrito Federal y que por coincidencia asaltaron chidamente la escena cultural del "De efe", cuya oralidad cobró fuerza para hacer retumbar y estremecer nuevamente la Ciudad con sus musicogramas o esas rolitas que hicieron arder la piel y la conciencia de diversos sectores de la población, otorgándole la palabra, sobre todo, a sectores marginados y desfogando todo el impulso contracultural de una creatividad y expresión que por décadas había sido sistemáticamente negada, apañada, apuñalada y suprimida. Las calles de la ciudad respiraban y volvía la inquietante y pletórica vida a ellas. Era necesario, entonces organizarse de mil maneras. La autogestión adquiría carta de ciudadanía. Las mayorías silenciosas pudieron darse cuenta que tenían voz propia. 

Con los primeros rupestres, fundadores del colectivo, ósea, Eblen Macari, Rafael Catana, Roberto Ponce, Roberto González, Fausto Arellin, Rodrigo González y Nina Galindo, la ciudad comenzó a recuperar, de alguna manera, la memoria de sí misma. Antes habían sido las voces y relatos de Chava flores, Oscar Chávez, Efraín Huerta, José Revueltas, por supuesto, Tintan y su carnal Marcelo y otros los que habían dotado a la ciudad de memoria histórica y de oralidad reivindicativa. Comenzaron, los rupestres, entonces a convertirse en una especie de nuevos cronistas de lo que significaba vivir los incidentes e intersticios del entorno urbano y cotidiano de la vieja ciudad de hierro. 

Paralelamente o alrededor, y aun cuando no aparecen en la foto, ya sea por afinidad musical, sensibilidad estética, por forma de pensar o simplemente por cosmovisión hay otros genuinos y auténticos cantautores vinculados a la perspectiva artística y práctica del espíritu rupestre. Y cómo no, si después de todo cuando la vida en la ciudad (y en cualquier otro lugar) en posesión de aquél o de quienes niegan sistemáticamente la oportunidad de acceso al trabajo, a la salud, a la educación y a la libertad de expresión, entonces, imposible callar, de lo contrario se convierte, uno, en cómplice del poder perpetuador de la exclusión. 

Cantar y contar, este arte social y actitud crítica no requerían de espacios e instalaciones espectaculares, mucho menos oficiales. Para los poetas rupestres que no están en la foto, cada uno con su original, diversa producción, formación y trayectorias, para todos ellos, también, es vital que la ciudad libere o manifieste su tradición cultural y su poeticidad urbana. Ellos también, aunque no estén en la foto, son rupestres. Por supuesto, hay discrepancia si son o no he incluso si existe lo "rupestre¨" como tal. Como dice Raúl Silva, en la introducción de Rupestre, el cancionero, No es un manifiesto el que los une, sino un sentido primitivo de la creación y la realidad de un México marcado por el 68. (Raúl Silva. Rupestre el cancionero, p9.) 

En efecto, el peregrinar por los marginales ámbitos de la cultura oficial, conservadora y represiva; su andar por los oscuros callejones, puentes, andenes del metro, subterráneos, terminales de autobuses, centrales de abastos, sótanos y auditorios universitarios de la ciudad revelan a estos poetas dotados de un carácter, más que heredado, adquirido en el barrio, la vecindad, la esquina, la banqueta, etc., como verdaderos humanistas. Sabios y magos. Pertenecen, definitivamente también al movimiento cultural, musical, poético, rolero y rockanlolero de los rupestres. Sus transgresiones lingüísticas hacen cimbrar a toda estructura del poder. Al igual que los que están en la foto, estos rupestres huyen y hasta evaden a la industria cultural. Jamás renunciaron a su independencia, por más ofrecimientos que el diablo del espectáculo los tentó, en algún momento de sus vidas. Como dice Arturo Meza. "Un locutor vendido, me ofrece su programa, a cambio de mi piel" (Arturo Meza, Un tipo solitario). Oigamos a continuación a aquí en el Oráculo del pensamiento y la expresión a Armando Rosas, Gerardo Enciso, Arturo Meza, Carlos Arellano e Iván Rosas. Cada uno es cada cual, es decir, diferentes, pero identificados por el latir del corazón de la ciudad. 

Entonces, como se puede deducir, de las canciones aquí escuchadas en las voces de estos rupestres, que no están en la foto, pero cuya conciencia y producción musical, literaria, teatral y cinematográfica, le dan voz a la ciudad. La ciudad, que siempre ha demandado un voz plural y liberadora, la encuentra con estos rupestres, que, en cierta manera, por un lado, resignifican la memoria histórica y por otro, rehabilitan una sensibilidad carente de gusto, a causa de un sistema cultural e ideológico tradicional, acartonado y con fines de enajenación que los aparatos de Estado ponían en a circular en todas las instituciones oficiales y en todos los medios de comunicación, siempre al servicio del poder. Modelos de comunicación y de convivencia, de educación y de diversión masiva encargados de encubrir las asimetrías económicas y el dominio de una minoría sobre una mayoría silenciosa. No se les daba voz a los sectores marginados, al contrario, se les reprimía cada vez más.  

La oralidad se refiere a la manifestación humana a través del sonido, dicción, pronunciación y musicalidad de la palabra para generar convivencia y comunicación en una comunidad. Mediante la palabra el hombre dio nombre a las cosas. La memoria se refiere a la conservación y la evocación de acontecimientos remotos, próximos o actuales que ponen en relación al hombre directamente con aquello que los reúne o coliga. 

No hay duda de que el hombre empezó a ser hombre cuando adquirió la voz. Esto es, la superioridad humana frente a las demás especies es sonora, posteriormente será discursiva; por medio de la oralidad el hombre se elevó por encima de lo natural y creo las formas simbólicas de representación y de expresión. Antes de la preservación del quehacer humano por el signo, particularmente por la escritura, tenía primacía la palabra sonora o voz que se plasmaba en la memoria. También la palabra sonora gozaba de alta credibilidad porque en ella va la hospitalidad que uno es capaz de brindar. La palabra imponía respeto. 

La conciencia del cantante o poeta rupestre se configura insertada dentro del contexto o habitad y pertenencia a una comunidad, de ahí que pueda influir, directa e indirectamente, en la formación del gusto y carácter de la vida social y cultural. La canción rupestre tiene a su alcance el ser y el existir del auditorio, por lo que el poeta ha de conducirse ética y estéticamente en pro del bienestar humano. El poeta rupestre se identifica como parte de la ciudad; sitio y raíz de solidaridad, de amor, de fraternidad, etc.; también, es la ciudad, lugar de opresión, de envidias, de agresiones, de violencia, etc., lo cual el poeta rupestre procura denunciar y ofrecer alternativas. Asimismo, dentro de la ciudad, el poeta pretende ofrecer alegrías, amistad y fraternidad. En cada canción, el que escucha reacciona, pues se identifica o no con la melodía, la armonía, y la letra. El poeta, cantante rupestre, asimismo, encuentra su objetivación en las reacciones y conductas del público. Hay reciprocidad en la gratuidad. 

En la sensibilidad del cantante rupestre hay una mezcla de saberes que prescriben su actividad, creadora, expresiva, crítica y subversiva. Son como antihéroes de la razón instrumental y de la producción capitalista, de la industria cultural, del mercado de la diversión y de la lógica del consumo, pues los rasgos de su personalidad y de su actuación poseen un halo de bienechores que se oponen con todo reconocimiento, sin lugar a dudas, a los cánones de la estética de lo "bonito" y del me "gusta". 

Jamás renunciaron a realizar sus propias producciones. En esto radica en mucho el espíritu que identifica a los integrantes del movimiento de los rupestres. Este rasgo los dota de una identidad transgresiva, contracultural y subversiva. Estuvieron siempre de lado de la banda. No buscaron ni la lana ni la fama. A muchos, hoy en día, ambas cosas les ha llegado. Pero se siguen manteniendo una postura crítica frente a las condiciones de explotación existentes. 

Algunos, continúan resistiéndose a circular en Internet; otros la neta le han sabido sacar todo el provecho. Otros dicen que "Yo no navego en internet. Me basta hacer una canción de amor" (Arturo Meza). Lo cierto es que, tanto los que aparecen en la foto como los que no, conquistaron a la ciudad desde su propia personalidad, desde su carácter psicológico, pero también desde sus estructuras culturales o sociales con las que vinieron de la provincia a la ciudad. Provocaron una hibridación. Con sus conocimientos de ritmos regionales, leyendas y entornos meramente provincianos comenzaron a interpretar a la ciudad desde su propio sentir, desde sus lecturas y visiones, cual poetas rupestres. 

Del mismo modo que los rupestres, que fueron bastante hábiles para "acomodar" los sucesos citadinos a su íntima y personal concepción de mundo y forma de vida para dar forma a horizontes culturales y experiencias con sus canciones, quizás tú, si te suscribes al Oráculo del pensamiento y la expresión, ingreses a una dimensión de contemplación y de expresión que fusiona la comprensión del mundo de la vida interna con la vida colectiva y ciudadana, pues, de alguna manera, la vibra interna de cada persona expresa la sonoridad de lo cotidiano y musicalidad de la vida. No olvides que la existencia es un rock en vivo. Y no importa si no eres músico o cantautor, quizás, por vocación, tengas un perfil rupestre. Es mejor, que unos de esos perfiles de creadores digitales que las plataformas de información y sitios webs, te generan. La dimensión de lo rupestre, al ser horizonte, va más allá de la composición, interpretación y canción. Lo rupestre es sabiduría y acto de conciencia. Acción libre y desinteresada.

Bibliografía.

Rupestre, el cancionero. Jorge Pantoja, coordinación. Raúl Silva, compilación. Ediciones imposibles. México 2014.

Rupestre, el libro. Coordinación Jorge Pantoja. México, 2013. Ediciones imposibles.

Mira el video en:

https://youtu.be/tPVe1xIdkMY



EL DÍA EN LÍRICA ARCAICA Y RUPESTRE. 

EL DIA en la lírica: arcaica y rupestre.


¿Y con qué fin toda está dialéctica en historia? /
¿Para qué ir al paraíso estando muerto /
¿Para qué alcanzar la gloria estando vivo
si la gloria está muy lejos de este huerto?
Roberto González. El huerto.
Álbum, Sesiones con Emilia. 1980.

Si hay algo común entre los seres humanos, del pasado, presente y del futuro, que esencialmente los vincule y les forme el carácter, sin duda es el día. El día, como umbral de acontecimiento de la existencia humana. Aun cuando tal umbral, que también es horizonte, se observe y vivencie distinto, diferente, diverso y plural desde la percepción, preocupación y actividad teórica y práctica de la humanidad en cada periodo cultural y por tanto histórico. Desde luego, en el plano especulativo y formal el día se advierte como homogéneo, regular e idéntico. Todos los días son iguales y la vida sigue siendo la misma, continuamente resuena está expresión en la calle o en cualquier sitio. Pero, en el plano pragmático y experiencial vital de cada persona el día se atestigua como realidad múltiple: en forma, en contenido, en sentido y en temporalidad. El día, es una clave de comprensión a las interrogantes sustantivas que en su devenir las sociedades se plantean.

El día es un umbral cuyo reino primordial es el devenir. Cuando el devenir interviene, es decir, afecta, el mundo mental y afectivo humano, entonces, nada es necesario. Todo es contingente y azaroso. El umbral sitúa al hombre en los abismos del <entre>>, e <<intervalo<< o <<alternancia>> de la vida y la muerte, pasado y futuro. El "entre", esto es el umbral, también como horizonte, siempre es un aquí, un ahora, o sea, puro presente que se formula en relación al anterior y al posterior. No solamente como adverbios de tiempo sino como concreto y singular y nunca general existir. El intervalo o los umbrales, como escribe Byung-Chul-Han: "son zonas de olvido, de perdida, de muerte, de miedo y de angustia, pero también de anhelo, de esperanza, de aventura, de promesa y de espera. El umbral, en muchos sentidos, también es una fuente de sufrimiento y dolor"[1]. El día, como la vida, según Roberto Gonzáles: 

Hay también quien afirma que tan sólo es sufrimiento / soportables nada más en el olvido / el que canta va buscando algún sediento / para echarle encima su vaso vacío. (El huerto, Roberto González, en Sesiones con Emilia)

Desde el despertar de la humanidad advienen dos narrativas distintas para referirse a los sucesos: la épica y la lírica. La primera ostenta como referencia el pasado mítico, remoto y extraño. Pasado lejano muy lejano de la humanidad, cuyos protagonistas, no son tanto los hombres sino los titanes, los dioses, los semidioses, las nifas, las magas, etc. Todos estos seres encarnan una fuerza o condición de la naturaleza que se impone, por tanto, a las pasiones y decisiones del hombre. El destino esta echado. Por supuesto, destacan las hazañas logradas por humanos, quienes, auxiliados y favorecidos por alguna inspiración y fuerza divina, llegan a convertirse en héroes y en ocasiones subversivamente emprenden una revuelta contra los inmortales del monte Dicte. Por supuesto, así la pasará, pues los olímpicos son inquietantemente vengativos, y las represalias contra los que se oponen a sus planes son una muestra de que no están dispuestos a cederle el trono a los mortales. Aun así, la épica o epopeya da cuenta del pasado pletórico, excelso y heroico de la humanidad. El escenario de la épica es el terreno de las batallas en donde se compite por afirmar el destino mediante la lucha cuerpo a cuerpo y las habilidades y sagacidades para manejar las armas, pero también en las competencias o juegos deportivas.

La segunda forma de dar cuenta de los sucesos humanos es la lírica. La lírica tiene como referencia primera al presente, a la actualidad, es decir, al ahora, el aquí, el día. Mucho antes de que apareciera el pensamiento filosófico encarnado en el Logos, primero lo fueron, como forma de pensar el mundo, la poesía y la metáfora, como su vía de expresión. Propiamente, la lírica, era la forma literaria empleada para expresar tanto el pensar como el sentir, como lo fue la épica para la edad anterior, y en gran medida será la tragedia en el comienzo de la edad clásica griega. En palabras de Friedrich Schlegel:

En la más hermosa Edad de Oro de la lírica griega, la prosa y la elocuencia pública todavía estaban en la cuna. La música y un lenguaje poético rítmico y mítico eran el elemento natural para las efusiones de los bellos sentimientos masculinos y femeninos, y también el verdadero órgano de la alegría festiva popular y del entusiasmo público.

Desde los tiempos de la Grecia arcaica la lírica se ha mantenido como una manera de expresión de los acontecimientos o sucesos del día. Nada más que, mientras la épica tiene como fondo la lucha bélica en el campo de batalla, la lírica encuentra carta de ciudadanía en el escenario de la vida citadina. La ciudad como horizonte, como fondo. C, Maurice, Bowra, en el texto de Historia de la literatura griega comenta este hecho de suma importancia y en el que se puede apreciar que la poesía como cualquier otro tipo de manifestación espiritual es un resultado de las transformaciones sociales y de la vida material de las sociedades:

Cuando la era de las monarquías heroicas de la aristocracia, más bien halladas y menos belicosas, la literatura experimentó un cambio correspondiente. Las emociones y experiencias militares sustituyen a las viejas historias; la poesía viene a ser obra de aficionados, a la vez que de profesionales; se vuelve más íntima e inmediata. La primera manifestación de este cambio es el dístico elegiaco, variedad del hexámetro épico encaminado ya al verso lírico, que se mantiene desde el siglo VII a.C, hasta los últimos días de Bizancio[2].

Sin duda, en todos los tiempos hay una relación entre la literatura y los sucesos cotidianos de las ciudades. La lógica de la vida citadina transcurre en una temporalidad que da lugar a que las fábulas, los mitos, las tradiciones, hábitos y costumbres, así como las incidencias las denuncias se conviertan en un instrumento y en ocasiones también fundamento pedagógico para poner a la luz las formas de pensar y de sentir de sus habitantes en voz de poetas, trovadores, juglares, cantores y en ocasiones de los propios ciudadanos. La función de divertimento, el carácter didáctico y exhortativo a promover actitudes correctas en los hombres son trazos propios de la lírica, de la lírica arcaica y la lírica rupestre. Ambas tienen como foco central la vida común del hombre trascurrida día a día, principalmente en las zonas urbana. Son poesías y canciones a la orden de la circunstancia. Del ser y del padecer la existencia.

Un lírico arcaico decía lo siguiente:

Para los dioses todo es fácil. A veces levanta / del infortunio al hombre que está en el suelo / oscuro. Otras, derriba. / Al que va a paso firme / lo hace caer de espaldas. / Muchos males le acechan: / rota la mente, el hambre, el extravío. (Arquíloco)

Un lírico rupestre deja saber que:

En la avenida están llorando / Los coches y los "tira" van aullando / Ya no me importa si vendrá de nuevo el día / A quien le puede interesar / Cola de gato, cara de borracho / Ojos de obsidiana, de obsidiana. (Fausto Arellín)

Los arcaicos, en general son todos aquellos que pertenecen a la Grecia Arcaica, período largo que designa un universo muy extenso, amplio y profundo; denso, primigenio, original. Este periodo desarrolla una vida propia en la que hay producción de conceptos, visiones de mundo, cosmologías y antropologías, valores e ideas de gobernabilidad; lo envuelve un horizonte mítico, religioso, mantico, poético. Conocido este periodo como el paso del mytos al logos. Lo cual señala que anterior al logos había o hubo una manera distinta de pensar el ser y el existir. Primero la poesía luego la filosofía. Antes de la ciencia fue la sabiduría o antes del reino claro y evidente del concepto está el universo difuso, ambiguo y oscuro de la metáfora. La edad arcaica va desde Hesíodo hasta Píndaro y Baquílides, pasando por los 7 sabios, la filosofía pura o de la naturaleza, la fábula, la tragedia, la comedia[3]. Amplia etapa cultural.

Los rupestres, son "esos" quienes un día asaltaron chidamente la escena cultural del "De efe" durante los primeros años de la década de 1980 y cuya voz cobró fuerza inmediatamente al Terremoto del 85, para hacer retumbar y estremecer nuevamente la Ciudad con sus musicogramas o esas rollitas que hicieron sentir y arder la piel y la conciencia (todavía) de un gran sector de la población, otorgándole la palabra, sobre todo, a sectores marginados y desfogando todo el impulso contracultural de una creatividad y expresión que por décadas había sido prohibida, sistemáticamente negada, suprimida. Como desesperadamente expresaba el buen "Daga", es decir, el Gerardo Enciso:

No puedo echarme un toque ni leer a Marx, / ni echarme un cachondeo con mi nena allá atrás, / ni traer el pelo largo, / ni rocanrolear, / no puedo ir a la escuela ni a trabajar. (Gerardo Enciso. Parada suprimida)

Durante esos tanáticos años ochenta, Alex Lora testimoniaba que: "Únicamente podía tocar el hijo de Díaz Ordaz" (Alex Loran, en soy un chavo de onda), la demás banda tenía que buscar sus propias zonas de expresión: la vecindad, los hoyos fonkie, los patios y auditorios escolares, los reclusorios, la calle y la banqueta; listos para salir corriendo cuando la "tira" se hacía presente para el apañon, ante lo que la banda respondía como podía. Por supuesto, con botellazos, pues botellas era lo que sobraban. Así lo deja saber Guillermo Briseño y Jaime Moreno Villareal en esa rolla titulada: "el botellazo", en el disco de Está … valiendo el corazón.

Reventó / Vino el botellazo; / Se prohibió el rock ese día, / Por falta de garantías. / (…) -¡No le tiren al pianista! / -¡¿Qué se traen con el bajista?! / ¡Me van a romper mi lira! / ¡se los va llevar la tira! / ¡muestren su ciudadanía!, / ¡más respeto pa'l artista!. (El botellazo. Guillermo Briseño y Jaime Moreno Villareal. Disco: Está valiendo … el corazón.)

Tanto para Herman Fränkel, como para Bernardo Barruecos Frank, las obras líricas son "poemas y canciones breves", de estilo y metro diferentes, incluyendo lo elegíaco"[4]. Berruecos Frank, en Poesía arcaica griega detalla lo siguiente:

se trata de poemas de circunstancia y de ocasión (...) destinados a ser recitados o cantados frente a públicos específicos y diseñados para generar ciertos efectos en sus oyentes, constituyéndose así en la voz colectiva de la comunidad y erigiéndose en el paradigma de comportamiento y en la guía de orientación vital, política, marcial y religiosa[5].

La poesía lírica, pues, significo literalmente "aquello relativo o lo relacionado con la "lira", de manera que un poeta lírico es aquel que representaba sus poemas con el acompañamiento de la lira. Un término importante a este respecto fue Melos, que significa "canción" o "melodía", y que fue utilizado por varios de los poetas líricos. La fuerza mágica de las palabras inherente a su materia fonética, a su ritmo vital y a su realidad ontológica la representan asimismo los arcaicos y rupestres con inigualable eficacia. La magia de las palabras arranca de la condición en la que el significante, que puede ser un fonema, un símbolo musical o un icono visual, está ontológicamente unido a las sombras de las cosas, en el sentido metafísico que el concepto de sombra tiene para las culturas ancestrales; sustancia animada y metamórfica inherente a todos los seres. Ahí las sombras tienen vida, música y alma propia. Decía Solón, uno de los 7 sabios de Grecia, que:

La mente (espíritu, voluntad, nous) de los inmortales / se oculta a todos los hombres. … No hay hombre feliz. Todos son desgraciados / cuanto Helios contempla desde arriba. (Solón)

También Rodrigo González escribía esto:

un requinto de jazz, / fugaz e improvisado; / una imagen en el aire, / de un pintor apresurado (Rodrigo. Rock en vivo)

Sin duda que lo que está en juego en el horizonte de la mirada lírica, arcaica y rupestre, es la condición existencial del hombre que deviene durante el día. El día es de naturaleza ontológica y todo lo que en éste suceda tiene forzosamente que ser existencial. El día se llena de incidentes, de esto, de aquello, de poco, de mucho. Como canta Armando Rosas:

Un peso aquí y un peso allá / rasguñando, / porque esta vida poco da; / un domingo un domino en la mesa, / un vaso de cerveza / y un buen concierto recordar.

El hombre no puede sustraerse o abstraerse del día. Situarse y permanecer al margen del día es imposible. El día no cesa de acontecer; el día también es la mañana, la tarde, el amanecer; el día son todos los tiempos en que puede ser dividido, más no es la suma de estos momentos. El día, quizás, sea la única medida real de tiempo de la que dispone el ser humano para apercibirse en el mundo. Y tal vez el día ni siquiera sea de carácter temporal sino relacional. Es el continuo suceder. El día lleva a la conciencia en su viaje; la conciencia cae con el día y se levanta con él. El día jamás termina. Al igual que no hay día que no se llegue (ni deuda que no se pague)

Bajo la lupa de la lírica arcaica y rupestre todo lo existente es cambiante. La realidad es al modo de un fugitivo sueño y posee la intensidad del agitado e inquietante mar; el día, al igual que la verdad no puede por tanto ser de carácter conceptual, de ahí se sigue que no sea posible un lenguaje que atrape y fije el suceder del día y el acontecer de la verdad, pues, las palabras simples y a veces coloquiales que la lírica arcaica y rupestre emplea evaden todo carácter fijo, de consistencia lógica. Al día lo llena el azar y lo colma la posibilidad. En la Grecia antigua, sentenciaba Arquíloco, lo siguiente: Azar y Destino, Pericles, todo le dan al hombre (Arquíloco), es decir, relativismo puro hay aquí para el hombre, pero es un destino fijado por los dioses.

En la década de los 80´s Jaime López, cantaba que:

El Sol escupe su limosna cruel por la banqueta, en fiebre de oropel (Alma de tabique, Jaime López. Oficio sin beneficio)

Aunque, el Sol es nuevo cada día, y no puedes tapar el sol con un dedo, ni alumbrar tu camino con una vela. Esto sentenciaba Heráclito.

La noción del día aparece ya en las partes más modernas de la epopeya en un discurso de la Odisea. Ya cuando Ulises ha regresado a Ítaca y ajusta cuentas con todos los pretendientes de su bella y seductora esposa: Penélope. El divino Ulises hace una demostración de su destreza en el sometimiento de sus enemigos por vía de la fuerza física, pero también muestra lo sabio que ahora es en la palabra. Canto XVII de, sobre la pelea entre Ulises e Iro, el mendigo. Ahí, Homero ha dejado escrito lo siguiente:

"Voy a decirte algo, escúchalo y entiéndelo; / de todo lo que anda en la tierra y respira/ y come, no hay ser más quebradizo que el hombre. /En tanto dan los dioses virtud y sus rodillas son ágiles, / no piensa en que algo malo puede avecinarse; / más cuando imponen su pena los dioses felices. / lo soporta forzado con ánimo paciente / pues la mente del hombre en la tierra cambia, / como el día que envía el padre de los dioses." [6]

La poesía lírica está, en cierto sentido, al servicio del "día" y es "efímera[7]", tanto como el propio hombre en su acaecer.

Criaturas efímeras: ¿qué sois y qué no sois? El hombre es una sombra de sueños. Pero, cuando llega el don divino de la gloria, un resplandor radiante y una existencia feliz cubre a los hombres (Píndaro) (Arquíloco. Fränkel p 462)

Rodrigo González escribía lo siguiente:

Cuando tenga la suerte / de encontrarme a la muerte, yo le voy a ofrecer / todo el tiempo vivido y este vaso henchido / por un distante instante, /un instante de olvido. (Rodrigo González. Rockdrigo. Disco: Hurbanoistorias)

El hombre es por completo efímero, es decir, sometido al día y entregado a su cambio. Aquí está la dirección o dimensión en la que la existencia se comprenderá desde la poesía y canto lírico. Armando Rosas, en invención para tragafuegos y cuarteto rupestre escribe lo que sigue:

Con todo, vivo en tu lumbre, me derrito en tu infierno. / Con todo, no oigo consejos ni proverbios de viejo. / Me cantan las madrugadas un presagio de invierno, / Y me despierto, / Y me despierto muriendo, / Y me desnuda / Un sentimiento de acecho. (Armando Rosas. Invención para tragafuegos y cuarteto rupestre)

Par Berruecos Frank, los poemas líricos están claramente anclados en el presente e incurren en declaraciones explícitas en la primera persona del singular y del plural. Oigamos a Píndaro. Dice éste:

Quiero buscar los placeres del día, / Y tranquilo, viajar a mi vejez, y al destino / Asignado. Todos morimos; / (Píndaro)

Si el espíritu humano es tan completamente transformable y sí el instante que modifica el ser cambia también radicalmente la imagen del mundo, la situación eventual de la propia persona adquiere una importancia sobresaliente. El hombre es por completo "efímero", es decir, está sometido al día y entregado a su cambio. Arquíloco, el fundador de la lírica griega, dice en uno de sus poemas:

Tiene el hombre mortal, Glauco, hijo de Léptimes, / el ánimo como el día que Zeus manda, / y piensa como aquello en que trabaja.

Bajo la misma intención, en el disco de Hurbanihistorias, en instante distante, expresaba Rodrigo que:

Si tuviera ilusiones / si existieran razones locuras /mentira pasiones /no habría necesidad / de pasarme por horas bebiendo cantimploras / de esta gis soledad / de esta eterna ansiedad.

Como podemos apreciar, hay en la lírica arcaica y rupestre una mirada que abre el acceso a un reino que se encuentra más allá de las palabras o de los discursos bien estructurados que atan la existencia a previas categorías o primeros principios. Tal mirada puede ser calificada como relación con el misterio de otra realidad, de otra verdad, de otros valores. Esta mirada poética de estar fuera de los límites de lo permitido es lo que le otorga al arcaico y al rupestre no solamente su función divertida o diver-siva, sino también un aura oscura y atemorizadora. Y también, dicha mirada, explica la actitud de comprensión del individuo frente al abismo de la vida y de la muerte y, por otro lado, el desacato a la autoridad: de la "tira" y del poder de lo institucional. Los arcaicos y los rupestres están ligados a la negatividad del pensamiento.

El día como centro de la lírica arcaica y rupestre recorre asuntos como el amor, el odio, la fiesta, el vino, la comida, pero también, el valor, el honor, el placer y el dolor, así como la amistad, la belleza, la guerra; y desde un ángulo ontológico, la estructura de la existencia y los horizontes de sentido están presentes en los cantos elegíacos, en las odas y epigramas. Aunados a los rasgos de actualidad de los acontecimientos. Para los poetas líricos, arcaicos y rupestres, es un hecho inobjetable que, en los sucesos, siempre contingentes y azarosos del día, lo que acontece no es si no y el ser y existir. Así, el día y el existir son uno y lo mismo, lo uno y lo otro en los intervalos del devenir. Alegrías y pesares, Azar y Destino. Lluvia, frío, que son soportables con un buen vino y compañía. Alceo, amigo y amante de Safo, decía que: En invierno, se bebe porque hace frío: Zeus manda la lluvia, y del cielo cae / una fuerte tormenta, el agua se congela … / Para romper el frío, enciende fuego, / echa en la cuba, sin medida, / dulce vino, y coloca / un mullido cojín en tu cabeza.

Y completaba cantando Alceo, que: No hay que entregar el corazón a la pena, / nada se gana con la pesadumbre, ¡oh Baquis! La mejor cura es / hacerse con vino y emborracharse.

En la lírica rupestre lo doméstico, lo regular e incidencias del cotidiano vivir también revela los procesos de rutina y de sobrevivencia por las que atraviesa el individuo común: un desempleado "buscado trabajo", los días de la semana levantándose temprano, comprando el periódico, haciendo largas colas llenado papeles hasta que (le) decían que luego (le) hablarían; una secretaria con las manos sobre la máquina de escribir, contestando llamadas día tras día sin sentir; o un obrero que mira para sus adentros y únicamente encuentra puras cuentas que pagar: me asomé a mis adentros, sólo vi viejas cuentas y una manera insólita de sobrevivir, miré hacia todos lados y dije "Dios, ¿qué ha pasado?" Nada, muchacho, sólo eres un asalariado"; un ama de casa un poco triste que deja sus manos entre los platos y las penas; o bien la descripción de la dura rutina, en general, de la vida de la mujer en el hogar de clase media-baja de cualquier ciudad y del campo también:

Abrió los ojos. Se echó un vestido. / Se fue despacio pa' la cocina. Estaba oscuro. Sin hacer ruido, / prendió la estufa, y a la rutina. Sintió el silencio como un apuro. / Todo empezaba en el desayuno. / Dobló su espalda, gozó un suspiro, / sintió ridícula la esperanza; / al más pequeño le ardió la panza, / rompió el silencio, soltó un llorido. / Sirvió a su esposo, vistió a los niños, / cambió pañales, sirvió los panes. / Llevó a sus hijos para la escuela; / pensó en la dieta que se comían/ Etc., etc.

Asimismo, los aspectos o temas de eros, de la seducción, de la pasión los celos, lo placeres sensuales y sexuales se encuentran en el corazón de la lírica arcaica y de la rupestre desde la honda, maravillosa, misteriosa y enigmática sensibilidad femenina. Safo de Lesbos, la primera gran poetiza, manifestaba que:

De verdad, quisiera estar muerta. / Ella marchó de mi con abundantes / lágrimas y me dijo; / <<Qué horrible es esto, Safo, / de verdad, yo no quiero separarme>>. / Y yo le contesté: <<Vete y piensa en mí con alegría, / pues sabes lo que hemos sido para ti. / Y si no, recuerda nuestro goce /de lo bello y sublime. / Con guirnaldas de violetas / olientes y rosas te sentabas / junto a mí, y lazos de colores /tejidos de tiernas flores / pusiste en mi frágil cuello. / Empapaste tu pelo con Mirna, / con breteion tu cara y tu cuerpo, / y con especies reales de Lidia / sobre suaves cojines … para calmar tu deseo. / y no hubo bosquecillo ni lugar / sagrado que no llenase el sonido / de nuestras canciones y la lira.[8]

Y la única mujer, Nina Galindo, que aparece en la famosa foto de los rupestres, junto con Roberto Ponce, escriben esto:

Sabes muy bien que te amo también, / ¿por qué me tratas así? / Dame tu amor o déjame en paz. / Llévate lejos tu blues / Mientras ayer dormías aquí, / hoy has huido de mí. / dime por qué te portas así, / abrazando a otra mujer. / Ya tu veneno en la cama quedó, / y no me deja dormir. / No existe antídoto para el amor, / y creo que voy a morir. / [9]

Siglos antes, Safo ya había escrito que:

Parece igual a los dioses el hombre / al que veo sentado frente a ti / siguiendo absorto tu dulce sonido, / y la risa encantadora que a mi / ha turbado el corazón en el pecho, / Sólo te miro y ya la voz me falla, / la lengua se me quiebra y un sutil /juego recorre por la piel adentro; / dejo de ver y zumban mis oídos, / corre el sudor y estremecida / estoy toda; como hierba del prado / me quedo verde, y estoy como muerta. / Más a todo cabe sobreponerse, pues … [10]

Arcaicos y rupestres conciben sus poemas y canciones a partir de la materialidad de los acontecimientos cotidianos en los que se encuentran vitalmente envueltos; utilizan las palabras como instrumentos mágicos y juegan con ellas como realidades cósicas. Si deseas saber más al respecto, no dejes de suscribirte al canal del Oráculo del pensamiento y la expresión. Ten presente que, si así lo decides, entonces al igual que los arcaicos y los rupestres, alinearas tus pensamientos con tus palabras y acciones, pero también con las situaciones sociales elementales, e introducirás tu creatividad personal en la formación de la idea de mundo y de sí mismo. O por lo menos consciente serás de que vas con el día. O bien, como deja saber Roberto González:

Yo no sé hasta dónde se reciente lo vivido / pues saberlo es simplemente estar ya muerto / seguiré cantando a lo prohibido / y gozando de los frutos de este huerto [11].


[1] Chul-Han, Byung. El aroma del tiempo, p. 59. Herder.

[2] C, M, Bowra, en el texto de Historia de la literatura griega p. 30. Fondo de Cultura Económica. Méx., 2008.

[3] Véase: Fränkel. Herman. Poesía y Filosofía de la Grecia Arcaica. Edit. Visor, col. La balsa de medusa # 36. Madrid 1993.

[4] Fränkel, Herman, Poesía y Filosofía en la Grecia arcaica. P. 137. Col. La balsa de medusa, 63. Edit. Visor, Madrid 1993.

[5] Berruecos Frank, Bernardo. Poesía arcaica griega. Siglos VII-V a. C. T. I. p IX-X. Universidad Nacional Autónoma de México. 2018.

[6] Fránkel, Herman, p. 138.

[7] Fränkel p. 138

[8] Fränkel, Hermann. Poesía y filosofía en la Grecia arcaica. 177.

[9] Llévate lejos tu blues. Nina Galindo. En Rupestre, el cancionero. P. 29.

[10] Fränkel, Hermann. Poesía y filosofía en la Grecia arcaica. 175.

[11] El huerto. Roberto González. Rupestre, el cancionero p. 14.